Ciudadanía en un mundo convulso :
¿Parte del problema o parte de la solución
Desde hace años es común oír que la sociedad está polarizada, crispada, que la democracia se ha vuelto formal y escasa de contenido real, que los debates públicos, si los hay, son diálogos de sordos, lanzamientos recíprocos de argumentos que no tienen la intención de convencer al contrario, sino de enardecer al oyente.
Desde otro punto de vista, aumenta por todo el mundo el número de países en los que, a través de procesos razonablemente democráticos, se instalan en el poder líderes y partidos de dudosas credenciales democráticas, como enseguida demuestran con su afán de vaciar de contenido el proceso que le ha permitido acceder al poder. Junto a ello, parece normalizarse la existencia de guerras llevadas a cabo con una crueldad que se pensaba que formaba parte del pasado, y en las que los actores no son otros que países que se suponía que formaban parte de ese primer mundo presuntamente propietario de la civilización más desarrollada.
En este contexto, ¿qué papel juega la ciudadanía? Porque, de su evolución, tampoco se puede extraer una conclusión muy tranquilizadora, si se da crédito a los adjetivos con los que es frecuente calificarla: pasiva, desinformada, sectaria, xenófoba, manipulada… En cualquier caso, si así fuese, ¿cuál sería la causa y cuál el efecto? ¿Se degrada la ciudadanía porque se degrada su entorno institucional y social? ¿O es una “mala” ciudadanía la que echa a perder los logros sociales y políticos logrados por generaciones anteriores? Y, en cualquier caso, ¿dónde estaría el origen de este deterioro?
Ante esta situación no puede no estar fuera de lugar preguntarse qué tipo de ciudadanía necesita una sociedad sana o saludable. ¿Activa o pasiva? ¿Crítica o complaciente? ¿Obediente o desobediente? ¿Informada o desinformada? ¿Plural u homogénea? ¿Conservadora o progresista? ¿Tolerante o intolerante?
La respuesta a estas preguntas puede ser menos obvia de lo que parece. Por ejemplo, las personas más activas suelen ser las más dogmáticas y, además, ¿cómo se decide quién puede participar y, especialmente, quién no? Porque la ciudadanía no solo otorga derechos, sino que también los niega a quien no se le concede.
O, por poner otro ejemplo, la deseada pluralidad se debe entender vinculada a una, en principio, enriquecedora diversidad social y cultural, pero se puede sospechar que también está relacionada con el incremento de la xenofobia que se está viendo en tantos países. Todo eso invita a indagar si la evolución de la ciudadanía contemporánea tiene relación con la aparición de esas democracias iliberales y el éxito de esos políticos autoritarios, populistas y manipuladores.
Con todo, en el anterior planteamiento pueden haberse dado por sentado demasiadas cosas porque, para empezar, primero convendría aclarar qué es eso de una sociedad sana, y hasta si tiene sentido hablar de ciudadanía en general.
Por último, también se puede incorporar una perspectiva más filosófica al asunto, para añadir a la visión más política y sociológica, con la idea de intentar aclarar la visión del ser humano que está detrás de los modelos que suelen orientar el tratamiento de la ciudadanía (liberales, republicanos o comunitaristas), relacionándolos con cuestiones filosóficas más de fondo sobre lo que somos y lo que debemos hacer.
Por último, junto a la perspectiva socio-política, parece necesario incorporar una aproximación filosófica con la finalidad de indagar el tipo de ciudadano que existe detrás de los modelos (liberales, republicanos o comunitaristas) de ciudadanía, y así poder cuestionarnos, en definitiva, lo que somos y lo que debemos hacer en sociedad y en comunidad.
Para tratar todo lo anterior, contaremos con la participación de los siguientes ponentes:
Antonio García-Santesmases
Doctor en filosofía y catedrático de Filosofía Moral y Política en la UNED. Ha sido en distintas ocasiones miembro del Comité Federal del Partido Socialista Obrero Español y diputado al Congreso por la circunscripción electoral de Madrid. Es autor del libro “Ética, Política y Utopía”.
Irene Ortiz Gala
Profesora en el departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid. Doctora en Filosofía y Ciencias del Lenguaje. Forma parte del Grupo de Investigación Genealogías del Pensamiento Contemporáneo (GenNeo) y del Grupo de Investigación en Humanidades Ecológicas (GHECO). Es la directora filosófica del portal y revista FILOSOFÍA&CO. Autora del libro “El mito de la ciudadanía”.
Ángel Rivero
Profesor titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid. Es doctor en filosofía por esta misma universidad y BSc (Hons) en Ciencias Sociales, Política y Sociología por la Open University (Reino Unido). Director del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UAM (2000-2003). Entre otras publicaciones, ha coordinado el libro “Geografía del populismo”.