Café 117. Nuestra inteligencia ante la artificial. ¿Delegada o aumentada?

Domingo, 27 de septiembre de 2026.

Comenzamos puntualmente a las 18:00 h. El aforo máximo se alcanza con rapidez, por lo que os invitamos a venir con al menos 20 minutos de antelación.

Café Libertad 8 (Barrio de Chueca, en la misma calle Libertad, nº 8. Metro Chueca, Gran Vía o Banco de España)

Es tan cómodo ser menor de edad. Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré esforzarme. No tengo necesidad de pensar, siempre que pueda pagar; otros asumirán por mí tan fastidiosa tarea.

Immanuel Kant. Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? (1784)

En nuestro café de inicio de temporada, deseamos debatir no tanto sobre la naturaleza de la inteligencia artificial como sobre lo que le está ocurriendo a la inteligencia humana ante su presencia. Queremos comprender el riesgo de mermar nuestra inteligencia al externalizarla o si, por el contrario, abrimos la posibilidad de ampliarla mediante esta nueva herramienta.

Hemos hablado mucho de inteligencia artificial en la última temporada. También hablamos de la naturaleza de nuestra inteligencia hace ocho años, en el Café 73. Aquel debate dejaba un capítulo pendiente. Hoy irrumpe una herramienta que está modificando la manera en que aplicamos nuestra inteligencia. Nos preguntamos qué queda de la comprensión cuando delegamos en ella la síntesis y el juicio.

Antes de discutir si estas herramientas amplifican o desplazan nuestra calidad intelectual, cabe maravillarnos y preguntarnos qué es lo que apreciamos de esa calidad intelectual. Hay algo hermoso en que nuestra especie desee replicar fuera de sí, a toda costa, el atributo humano que más valora.

Con esta nueva herramienta, aparentemente omnisciente, no sólo el conocimiento, sino también el razonamiento parece haberse vuelto asequible sin esfuerzo humano. Nos tranquilizamos argumentando que lo que importa hoy es el criterio, y que ese, por el momento, no es automatizable. Pero ¿cómo cultivamos ese criterio? Si devaluamos el conocimiento interiorizado en favor de la información delegada en las máquinas, deberemos reconocer que cuanto menos sabemos, menos capaces somos de reconocer lo que no sabemos. Paradójicamente, cuanto mejores son estas herramientas, menos podremos permitirnos saber poco, si queremos responsabilizarnos del resultado de su uso.

Hasta ahora, el correcto ejercicio del intelecto en cada ámbito de actividad se aprendía después de miles de horas de exposición a los retos, a la búsqueda de soluciones, a la resolución de tareas. La inteligencia artificial es capaz ahora de ejecutar exactamente esas tareas cognitivas. Y la misma herramienta sirve tanto al veterano, que contrasta el resultado con un criterio ya formado, como al aprendiz, que todavía lo está adquiriendo. A ambos les mejora el trabajo. A uno de los dos le compromete el futuro.

Un estudio reciente entre altos directivos encontró que la pérdida de capacidades profesionales se considera una amenaza seria en tres a cinco años. La capacidad señalada como más expuesta al deterioro es precisamente el juicio. No es sólo grave que la máquina piense por nosotros. Es que dejamos de confiar en nuestra capacidad de pensar sin ella, y empezamos a referir dependencia.

Si el criterio se formaba haciendo el trabajo que ahora hacen las máquinas, ¿dónde debe formarse ahora? ¿Y quién ha de pagar esa formación, si ha dejado de estar asociada a la experiencia laboral?

Más allá de su aplicación en la práctica totalidad de las profesiones, la inteligencia artificial revoluciona también la educación. Disponemos ya de herramientas docentes de gran eficacia, capaces de resolver tareas en mucho menos tiempo. Pero conviene tener cautela. Un extenso estudio publicado este año, que siguió durante años a miles de estudiantes de secundaria, identificó que mejora la calidad de los trabajos entregados, y se realizan en menos tiempo, pero se deteriora el aprendizaje. Y quienes más perdieron no fueron los alumnos con dificultades, sino los mejores. Pero quienes usaban la herramienta manteniendo el tiempo de trabajo apenas perdieron nada.

No parece ser lo determinante la herramienta. Parece ser la supresión del esfuerzo. Ahora precisamente que podríamos aliviar la carga educativa, ¿cómo es que descubrimos que necesitamos esforzarnos para consolidar nuestro conocimiento?

Y sin embargo, un ensayo controlado en Harvard muestra que un tutor artificial diseñado por pedagogos enseña más, y en menos tiempo, que una clase presencial activa. Quizá sea ese el camino. O quizá sólo su versión barata, porque por ahora no hay pruebas de que un tutor artificial supere a uno humano.

Nos consolamos con que la inteligencia artificial es sólo emulación. Pero asistimos a la pérdida del monopolio humano sobre la producción de complejidad formal en el lenguaje. Ante la impoluta exposición narrativa de las máquinas, es casi inevitable atribuirles dimensión de persona. Tal vez no lo hagamos sólo por ingenuidad. Quizá la alternativa impersonal resulte bastante más difícil de digerir.

Además, estas máquinas emulan el entendimiento, la conversación y la empatía; y nos adulan. Un trabajo reciente evaluó los modelos más avanzados y encontró que dan la razón al usuario mucho más a menudo que una persona, incluso cuando lo consultado incluye manipulación o engaño. Nos inquieta cómo aumentan nuestra convicción de tener razón. ¿Cómo no creer en ellas?

¿Es precisamente este ardid de emulación el que subyuga nuestro juicio y nos fideliza en nuestra dependencia? En un mundo que avanza hacia una complejidad creciente, ¿cómo preparamos nuestra cognición justamente cuando más la delegamos?

Estas cuestiones, y otras más que inevitablemente surgirán, son las que venimos a debatir.

Ponentes

Para emprender este ambicioso debate, tenemos el honor de contar con cuatro excepcionales ponentes que complementan sus puntos de vista desde la epistemología, la neurociencia de la inteligencia, la educación y desde la implementación y la gobernanza responsable de la IA, a los que presentamos en este mismo orden temático:

Jesús Vega Encabo. Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid, donde imparte teoría del conocimiento, filosofía de la mente, filosofía de la ciencia y filosofía del lenguaje. Doctor por la Universidad de Salamanca, es autor de numerosas publicaciones sobre teoría del conocimiento y filosofía de la técnica. En su investigación aborda también la epistemología de los artefactos e instrumentos epistémicos, la cognición extendida y la dimensión social del conocimiento. Ha publicado Los saberes de Odiseo. Una filosofía de la técnica (Eudeba, 2010) y es coeditor de Affordances y ciencia cognitiva. Introducción, teoría y aplicaciones (Tecnos, 2022). Ha dirigido proyectos de investigación sobre epistemología de los artefactos y sobre culturas materiales y culturas epistémicas, y ha sido secretario de la Sociedad de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia en España. Publica habitualmente en revistas internacionales como Synthese, Social Epistemology, Theoria, Teorema, Topoi o Phenomenology and Cognitive Sciences.

Manuel Martín-Loeches. Catedrático de Psicobiología en la Universidad Complutense de Madrid y responsable de la Sección de Neurociencia Cognitiva del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos. Ha publicado numerosos artículos científicos sobre neurociencia y cognición humana, con especial atención al lenguaje, la conciencia y la evolución de la mente, recogidos en revistas internacionales como Cortex, Neuropsychologia, Human Brain Mapping, Journal of Cognitive Neuroscience o Brain and Language. Entre sus libros figuran destacadas obras divulgativas como La mente del Homo sapiens. El cerebro y la evolución humana (Aguilar, 2008); La evolución del cerebro. La fascinante historia de nuestra mente (RBA-National Geographic, 2018); El cerebro social. Por qué estamos diseñados para conectar con los demás (RBA-National Geographic, 2019) y ¿De qué nos sirve ser tan listos? Descubre cómo piensa y se emociona nuestro cerebro (Destino, 2023). Es también coautor, junto al paleontólogo Juan Luis Arsuaga, de El sello indeleble. Pasado, presente y futuro del ser humano (Debate, 2013; reeditado en Destino, 2025).

Almudena Díaz. Investigadora y docente del Departamento de Lingüística Aplicada de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Informáticos de la Universidad Politécnica de Madrid. Su trabajo se centra en el desarrollo del pensamiento crítico ante la inteligencia artificial en entornos educativos y en la formación en inteligencia artificial y transformación digital, colaborando también con empresas e instituciones. Ayuda a integrar la IA de forma reflexiva, competente y fundada en evidencias. Difunde su investigación a través de su publicación periódica IA, Educación y Transformación, que sigue una amplia comunidad de docentes y profesionales. Coordina también el blog divulgativo Más allá del código, que desarrolla junto con alumnos de la misma Escuela.

Richard Benjamins. Doctor en Ciencias Cognitivas, es cofundador y consejero delegado de OdiseIA, el Observatorio del Impacto Social y Ético de la Inteligencia Artificial. Fue director de inteligencia artificial responsable en Telefónica, donde fundó el área AI for Society and Environment y dirigió antes la estrategia de IA y datos. Es presidente de 28DIGITAL y consejero de las ONG Flowminder y ACAPS. Es asesor de IA ética del Centro de Cultura Digital del Vaticano, miembro del panel Responsible AI del MIT Sloan. Fue copresidente del consejo empresarial de la UNESCO para su recomendación sobre inteligencia artificial y miembro fundador de la revista AI and Ethics, de Springer. Es autor de numerosas publicaciones científicas y de los libros El mito del algoritmo (Anaya Multimedia, 2020) y El algoritmo y yo (Anaya Multimedia, 2021), ambos junto con Idoia Salazar, así como A Data-Driven Company (LID Publishing, 2021) y el reciente The AI-Driven Company (LID Publishing, 2026). Desde OdiseIA impulsa el proyecto brAIngym, una iniciativa concebida para mitigar el riesgo de delegar en exceso nuestro razonamiento en la máquina.

Modera

Ulises Wensell