«Parásitos»
Director: Bong Joon Ho

Por Mirta Gracía

Bong Joon Ho es un director polifacético. Ha incursionado en la comedia, la ciencia ficción, el thriller policiaco, el drama. Su cine está atravesado por lo social.
Su última película, Parásitos (2019) es un drama contemporáneo. Nos muestra la polaridad y desigualdad existente en la sociedad actual. Está filmada en Corea del Sur, de donde es originario el director, sin embargo su relato es extrapolable a cualquier otra sociedad.
El director maneja distintos géneros, transitamos por la comedia, la tragedia, el drama, con cuotas de humor también presentes que hacen que el encuentro con un real tan descarnado sea más amable de visionar.
Dos clases antagónicas, ricos y pobres nos dibujan dos mundos aislados y separados  en una época donde el capitalismo acampa a sus anchas. Una familia pobre que se vale de la estafa y el fraude como un modo de supervivencia.  En realidad dos familias pobres  que parasitan a los de arriba.
Aunque el significante “parásitos” se utiliza con un doble sentido. ¿Acaso no son también parásitos, los de arriba, que necesitan a los de abajo para vivir porque no saben valerse por sus propios medios?
Gente desesperada en un mundo absolutamente injusto, donde a la igualdad de oportunidades  acceden solo unos pocos.
La fotografía, la música, la dirección del filme son impecables, además de contar con un muy buen reparto actoral.
Desde el punto de vista cinematográfico realiza una buena utilización de los espacios, estableciendo un contraste entre los pobres y los ricos; los primeros viven en un sótano, hacinados; los segundos tienen su morada en una colina, disponen de amplios espacios, pero solitarios, alienados dentro de su propia casa.
Una de las escenas más impactantes de la película es la escena de la tormenta. La lluvia ha devastado la vivienda de los Ki-taek, sus enseres, sus pertenencias flotan en medio de las aguas fecales. En contraste es bello observar la tormenta desde el amplio ventanal de los Park con vistas a su florido jardín.
El olor a pobre, olor detectado por el pequeño de la familia Park cuando dice que todos ellos huelen igual, será el detonante del film.
En la escena del cumpleaños del pequeño Park, una vez desatada la tragedia, es el gesto del Sr. Park tapándose la nariz lo que lleva al Sr. Kit en un brote de locura, mientras intenta salvar a su hija que se desangra, a apuñalarle. Son el desprecio y la humillación por su condición, más la angustia infinita ante la posible pérdida de su hija lo que lo impulsan al acto.
Como señala con acierto Zygmunt Bauman, la exclusión actual no se ve como el resultado de una mala racha pasajera, sino más bien como un destino irrevocable. Es más, la exclusión, hoy en día, suele ser un callejón sin salida.
En estas sociedades consumistas por antonomasia, los pobres son seres indeseables, no son útiles, no son necesarios, más bien pertenecen a la infraclase, término acuñado y utilizado por primera vez por Gunnar Myrdal en 1963.  Este hacía referencia a los peligros de la desindustrialización que podría convertir a grandes sectores de la población en desempleados permanentes e inutilizabes, no por causa de ineficiencia, sino porque no habría trabajo suficiente para todos aquellos que desearan o pudieran trabajar.
Su hipótesis no produjo mayor atención pública y se quedó en el olvido.
Hoy podemos comprobar que su vaticinio no era incorrecto.
La inestabilidad, la imprevisibilidad y la incertidumbre son patentes en este mundo en todos los órdenes, en el trabajo, en el amor, en las relaciones con los otros.
Los ideales imperantes son el individualismo, la competencia, las relaciones utilitaristas, coyunturales y poco comprometidas, así como el pragmatismo y el liberalismo. Se trata entonces de la época de la pulsión en su permanente y constante empuje a la satisfacción, cuyo objeto puede variar, pero no su fin, que es siempre el de satisfacerse.
Y surge la pregunta acerca de qué ocurre con los sujetos en esta época marcada por un capitalismo atroz en su versión neoliberal.
Consecuencia de este panorama socio-económico imperante es que el sujeto desaparece y en su lugar aparece el individuo usuario, consumidor, productor, que con su yo inflado y sus objetos no precisa de los otros para satisfacerse. La competencia a ultranza ha barrido con la solidaridad.
En la clínica los efectos del discurso imperante y sus ideales sobre los sujetos se perciben en las dificultades para subjetivizar lo que les pasa, aparecen dolores en el cuerpo, síntomas variados y dolor psíquico del que poco pueden dar cuenta.
Las patologías del acto son otra forma de sufrimiento de la época, la violencia machista, la violencia entre los escolares, entre padres e hijos, etc. También las adicciones en sus diferentes formas, ya sea drogas, juego, alcohol, los problemas con la alimentación, ya sea anorexia y/o bulimia.  Son actos compulsivos que empujan al sujeto a satisfacerse, que empujan al sujeto a la acción, aún a costa de ser acciones dañinas.
El deseo también está amenazado, porque con tanta proliferación y oferta, con tanta asfixia, sin hueco para un pequeño vacío, para algo que falte, es difícil que el deseo pueda emerger. Encontramos entonces sujetos desganados, sin ánimo para seguir luchando,  pero sin poder conectar su malestar con este aislamiento.
Parásitos ha obtenido dos premios importantes, uno en el Festival de Cannes y el Globo de Oro, y es una candidata favorita para los Oscar.
Es sin duda una buena película que no nos deja indiferentes.

Fecha

17/01/2020

Hora

06:30 PM

Precio